
La primera sala hace memoria de lo que antes fue lo que ahora es museo y lo primero que te cuenta la señorita de los tickets (de cuyos familiares me acorde al finalizar mi visita) es que "ese tipo gordo de la foto era el que mandaba matar" así, sin rodeos, lo que no le pregunté es si ha pagado por ellos, aunque la respuesta me la imagino.

Se te ponen lo pelos de punta, con sólo imaginar lo que pasaba en el mismo sitio donde tú estás, hace relativamente pocos años, y que sabes que aquí "ahora" ya no , pero sí en muchos otros sitios y nunca se sabe si otra vez "mañana".
Para que no se olvide y no se repita, están pintados por todas las paredes del museo las escenas de las torturas que se realizaban y explicadas detenidamente en un documento al principio de la sala.






Yo prefiero no daros detalles macabros, si estáis interesados hay bastantes páginas web al respecto.
Lo peor es que cuando me disponía a salir de "La Cárcel" me encontré con la puerta de hierro y de barrotes cerrada, y la de los tickets había desaparecido, y yo única visitante del museo empujando la puerta inútilmente. Unos minutillos de risa entre nerviosa e incrédula, hasta que encontré el postigo de la puerta y pude salir tranquilamente, jeje.



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