
El domingo por la noche llegamos a Somoto con el auditor que mandaba la Junta de Andalucía para evaluar la ejecución de un proyecto que habían financiado el año pasado, y que finalizó este mes de enero. En contra de lo que pensabamos el auditor resultó ser un chaval jovencísimo, como de mi edad, jeje, peruano y muy simpático, también como yo.
Madrugamos para reunirnos con la gente de la ONG local, INPRHU (Instituto de Promoción Humana), allí nos recibió Doña Gladys, directora de la institución, junto con los técnicos (Fredy y Arly) que nos iban a acompañar en las visitas los siguientes tres días y que son los que tienen el contacto diario con los beneficiarios durante lo que dura el proyecto. Así que ya eramos 7 personas las que nos íbamos de excursión, pero todavía no se habían unido ni la mitad de los que nos juntamos finalmente.

Primera parada;
Alcaldía de San Lucas, municipio donde se realizó el susodicho proyecto, que todavía no he dicho de que se trataba, ¿no? el objetivo, como el de todos es mejorar la calidad de vida de alguna comunidad, municipio, o lo que alcance, en éste en concreto el objetivo específico era: Mejorar la capacidad productiva y de generación de ingresos de 15 comunidades rurales del Municipio de San Lucas, Departamento de Madriz (sí, con z). No hemos visitado las 15 Comunidades, pero casi, era un proyecto muy amplio y muy variado, así que escogimos una o dos comunidades según el rubro del que se habían beneficiado; café, hortalizas, sistemas de riego, apicultura o ganado caprino.

A mi lado, la directora, un técnico de INPHRU, concejal y concejala del Ayuntamiento y en primer plano el Señor Alcalde. Nos montamos en sendos 4x4 con ranchera, donde se instalaron los que no cabían dentro, aquí es muy típico ir detrás, incluso se te va montando gente por el camino casi sin que te des cuenta.

Por estas zonas no entra ningún otro vehículo, salvo los burro y los caballos, aquí todavía son transporte, de hecho casi el único. Llegamos a la Comunidad de El Apante donde estaba prevista la visita a una zonas cafetaleras, lo que no sabíamos es que desde la Comunidad hasta las plantaciones, había una subida de más de una hora a pie, ya que el café se cultiva en las zonas más altas, llegamos a los 1600 metros.




Ya en la cima nos estaban esperando los cafetaleros, con la promotora del proyecto, llevaban desde las 7 de la mañana trabajando. Subiendo y bajando, por la montaña, que dicho sea de paso ni la directora de INPRHU, ni el delegado de Paz y Desarrollo fueron capaces de subir.
Son campesinos con pequeñas parcelas de tierra (1 a 5 manzanas, la manzana equivale a 1/3 de hectárea, más o menos) que se les dió con la revolución, el problema es que para los bancos no son sujetos de crédito y no tienen con qué cultivarlas, una parte del proyecto era la entrega de plantas de café.

Entre esos 30 beneficiados con plantas de café, 10 son mujeres productoras y entre ellas está Estebana. Es una mujer de avanzada edad, soltera o abandonada o separada, no quise preguntar la razón, el caso es que está ella sola al frente de su familia, y es productora de café en una de las zonas más altas, y sube 2/3 veces al día, bien a plantar o recoger la cosecha que a veces carga a mano, cuando puede en burro, además de la dificultad del acceso, empinado y empredado, hay que tener en cuenta las largas temporadas de lluvia en las que eso se convierte en una cascada de agua y barrizal, para ellos no es ningún esfuerzo, saben que es duro, pero que hay que hacerlo, saben de la oportunidad que se les da y quieren aprovecharla, es curioso que lo que más valoran son las capacitaciones, cursos, charlas donde se les enseña las mejoras formas de cultivar de manera sostenible; quieren aprender.
A todo esto la mujer de la que os hablo subió con falda y chanclas, todo sonriente y orgullosa de su pequeña plantación de café que ha conseguido sacar adelante con mucho esfuerzo (también tiene huerto con hortalizas y demás) y gracias a los créditos que se le dieron en especie y que ella poco a poco va devolviendo.




El objetivo era que aumenten su capacidad productiva y de generación de ingresos, así que era importante avanzar un poco más, a parte de mejorar la forma de cultivo. Al no disponer de medios los cafetaleros de la zona vendían el café en uva, según la recogían. Ahora la venden en pergamino, es decir despulpada, ya es un poco de valor agregado y con eso consiguen dos cosas; que no se les acumule en forma de uva que se estropea (recogen y despulpan simúltaneamente) y un mayor precio en el mercado. Además negocian el precio agrupados para poder influir más. Esto se consiguío con la dotación de despulpadoras



Nada de lo que se les da es donación, todo está sujeto a pequeños créditos, a veces se devuelve en especie y otras en dinero, son ellos mismos los que te comentan que no quieren regalos, sino no lo valoran y no lo consideran como un esfuerzo y un trabajo propio. A la vez, las despulpadoras se las alquilan entre la gente de la comunidad para sacar sus pequeñas rentas. Lo bueno de estás máquinas es que se instalan con unos pequeños pozos, donde se depositan las cáscaras de la uva que contienen una sustancia llamada miele que es muy contaminante, ahí reposan hasta que se convierten en el mismo abono para las plantas el año que viene. No contaminan, ahorran en abono y producen de forma orgánica (eso también se valora en el mercado).


El siguiente paso es que puedan ellos mismo moler y empacar el grano, pero poco a poco.
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